14 January 2011

ELVIS


By: Sylvia Davila MM
Bogotá


ENGLISH  VERSION
Trabajaba en Washington DC y vivía en una casa en un barrio muy verde de Maryland. Pensé que para mis hijos de siete y once años, lejos de la familia y los amigos, sería bueno conseguir una mascota. A mi también me encantan. Una revisión concienzuda de los periódicos - Internet apenas comenzaba- me llevó a un criadero de gatos “punto azul”: pelaje abundante, lacio y deslumbrantemente blanco tapujado con ojos azul cielo californiano. En las puntas de las orejas el pelo se vuelve gris intenso, razón del nombre.  De dos meses de nacido era todo un espectáculo. Le puse Elvis. Y me lo llevé para la casa sin saber que estaba entrando a una aventura en mi vida que no esperaba. 

El primer encuentro con el tortuoso camino que tendríamos Elvis y yo, se dio en la primera visita al veterinario, cuando una doctora seria y precisa, lo levanta, lo examina y sin ningún aspaviento dictamina: “Pues bien, tal y como sucede Elvis es hembra”.  La señora que me lo vendió me había asegurado que era un macho, yo lo había bautizado y ya respondía al nombre, y como no parecía tener ningún sentido explicarle a un gato la falta de concordancia entre el sexo y el nombre, se quedó con el nombre. Exactamente al mismo tiempo en que los niños se enamoraron de él empezaron las lluvias. Un descuido con la puerta y Elvis desapareció. 

Lo buscamos durante dos días. Al tercer día, golpean a la puerta. Es mi vecino británico que me dice: “Creo que su gato esta en mi jardín trasero pero yo recomendaría no traer a los niños”. Efectivamente, a Elvis lo habían atacado uno, quizás varios, raccons y estaba no solamente muerto, sino horriblemente muerto. Guardé silencio y convencí a los niños de volver al colegio mientras Elvis regresaba. Los llevé y regresé a prepararme para salir a conseguir un nuevo, y esta vez macho,  Elvis que los recibiera cuando volvieran. Pero al salir caigo en cuenta de que el gato está en una bolsa en el garaje y, por su puesto, no puedo dejarlo allí. 
Inicialmente, pensé haber solucionado el problema con la eficiente oficina de protección de animales, pero solo venían a recogerlo si estaba enfermo, muerto debía enterrarlo yo. De nuevo, el vecino me prestó una pala. Nunca deja de sorprenderme la novedad de todo encuentro con lo desconocido cuando di la primera palada para abrir un hueco de un metro de profundidad, reglamentario, en el jardín trasero de la casa, lo suficientemente rápido para alcanzar a ir a buscar al nuevo gato, y con una herramienta que no había usado jamas. Dos horas después, mis riñones y yo lo habíamos hecho. Acto seguido, por teléfono conseguí mi nuevo Elvis, lo recogí y ahí estaba sentado con sus ojos de almendra fijos en los niños cuando regresaron. 
Al año, cumpliendo un acuerdo de amigos, los niños se fueron a vivir con su padre un tiempo. Elvis y yo nos quedamos. Buena compañía. Tranquilo, independiente, cariñoso, lindo, auto-suficiente, entendió las rutinas de mi trabajo y se acomodó a sus anchas en la casa. Elvis, el rey. Yo ya le había explicado que sería un gato de interior. Con niños en la casa, debía tener control de su higiene, así que tendría que limitar sus merodeos al jardín de la casa cuando saliera conmigo. Elvis registró la cerca y aceptó sus linderos. Una tarde en la que el cuidado del jardín se prolongó hasta casi caída la noche, cuando fui a cerrar jornada no lo vi cerca. Tampoco respondía. De nuevo, el paciente vecino me prestó una linterna y me adentré en el jardín trasero. Otro encuentro con lo desconocido. Heme ahí parada en medio de un bosque oscuro, sosteniendo una linterna y gritando “Elvis, Elvis, a dónde te has ido?”. Lo pienso ahora, pero en ese momento no rogué que nadie me viera. 
De pronto, brota de la lejanía un “Miauu” apenas audible. Apliqué rigurosa geometría a la búsqueda en el jardín pero no lograba acercar el maullido. Me llamaba desde muy lejos. Opté por detenerme para, en silencio, aislar el sonido hasta que no tuve duda: venía de arriba. Con la linterna escudriño los árboles y allá arriba, bien allá, rebota la luz en los aterrorizados ojos de Elvis. Estaba lejos, muy lejos. Un árbol de tronco macizo y sin ramas en su primeros cuarenta metros, terminaba en una frondosa vegetación de la que se aferraba Elvis con las cuatro patas. Subió sin pensar en la bajada. El primer impulso de disuadirlo a que lo hiciera se desvaneció rápidamente. Nadie en su sano juicio intentaría bajar en perpendicular desde esa altura, ni siquiera un gato. 
No conocía a nadie en el barrio, así que acudí de nuevo al vecino para  oír alguna idea. Me miró en silencio por unos segundos y dijo: “Sañora Davíla, puedo hacerle una pregunta? Por supuesto, dije yo. “Alguna vez ha visto un gato muerto en la copa de un arbol?”. Pese a la lógica demoledora de la pregunta fui incapaz de acostarme a dormir a la espera de que encontrara la forma de hacerlo. Los bomberos parecía una opción lógica, largas escaleras, pero aunque les recordé que en todas las películas lo hacen, de hecho sucede solo en las películas. Los bomberos no rescatan gatos. Pensé entonces en la policía en donde me recomendaron buscar ayuda en la oficina de protección de animales. Ya era media noche. Un contestador automático prolongó la espera hasta horas hábiles.  Le expliqué a Elvis la situación - dada su ubicación también a todo el barrio - y leí hasta las siete de la mañana, hora en que salí a medir la situación y a consentirlo.  
Caminé hasta el árbol, me paré debajo, miré hacia arriba y me encontré con un escena extraordinaria.  La noche anterior, todas las aves del bosque se habían acostado a dormir como cualquier otra noche. Al despertar, tenían a Gotzilla sentado a pocos centímetros de los nidos. Estaban aterrorizadas... pero no tanto como Elvis. Por turnos organizados, pájaros de todos los tamaños lo sobre-volaban a doscientos kilómetros por hora y al pasar lo picoteaban. Querían sacarlo. Bajarlo era urgente. 
Le pedí al vecino una escalera. Si, no podía creerlo pero me la prestó. La recosté sobre el techo del jardín trasero y, contra todos los pronósticos,  hice exactamente lo mismo que Elvis: subí sin pensar en la bajada. Subí los varios ascendentes techos de la casa estilo republicano, hasta que llegué al punto más alto. Nada que hacer. Estaba a mitad de camino entre el cielo, en donde estaba Elvis, y el suelo... y el ataque aéreo sobre Elvis no se detenía.  Necesitaba ayuda y pronto. Al voltear la cabeza... estaba alto, bien alto.  Incapaz de dar un paso, me acosté boca arriba en el techo, mirando el cielo y esta vez sí rezando que nadie me estuviera viendo. Finalmente me arrastre en shabasana, posicion de yoga fácil de imaginar, hasta la escalera y sin mirar hacia abajo logre voltearme y bajar. 
La oficina de protección de animales no presta ese servicio, bajar gatos de los árboles, pero me dieron el nombre y teléfono de un profesional en hacerlo... tercer encuentro con lo desconocido. Segura de que la situación de Elvis era desesperada, y que solo sería superada por la misma desesperada situación pero a medio día de un agosto candente, me di a la tarea de encontrar al bajador de gatos. Marco el numero y ... un contestador automático! 
Primer mensaje - 8:00 am : “Hola, mi nombre es Sylvia. Mi gato, quizás perseguido por un raccoon, trepó a un árbol gigante y no se puede bajar.  En la oficina de protección de animales me informaron que usted me puede ayudar. Llámeme por favor.”
Segundo mensaje - 9:00 am: “Hola, es de nuevo Sylvia. Solo quería recalcar que mi gato ha estado en una situación muy difícil toda la noche... que es una gato de pelo largo y que en pocas horas el sol estará en su cenit en pleno verano. Gracias por llamarme pronto. “
Tercer mensaje - 10:00 am: “Mire, si no puede prestarme el servicio dígamelo, pero dígamelo ya! para que yo pueda buscar otra solución”.
Cuarto Mensaje- 11: 00 am. : “En dónde diablos está metidooooo!
Finalmente, y antes que Elvis se asara o sucumbiera al ataque aéreo, una voz muy profesional me informa que va camino a mi casa. Con una cincha como la que usan los operarios de los postes de teléfonos, un hombre confiado en su destreza subió con habilidad el tronco, no sin antes advertirme “ Aveces cuando llego arriba el animal se asusta y se bota...” La subida me pareció eterna. Contra todo pronóstico y como en los dibujos animados, Elvis, literalmente, se abrazó de su cuello. Tomó más de una tarde calmarlo y me costó doscientos cincuenta dólares. Pero también, como suele suceder, compartir dificultades profundiza los lazos. 
Continuamos nuestra feliz vida juntos hasta que llegó para mi el momento del regreso. Me preparé para traerlo. Pero en los tramites iniciales me enteré que su guacal esperaría en la pista en Miami el tiempo que duraba la conexión que eran tres horas. Y otra vez en verano. Yo no le podía hacer eso a Elvis. Necesitaba una nueva familia. Encontré una, puse una cita, le expliqué a Elvis la situación y me fui a llevarlo esta vez sí rogando poder dejarlo en una situación que no me destrozara. Una pareja rondando los cuarenta, amable y descomplicada abrió la puerta. Elvis y yo nos abrazábamos... hasta que  vi al niño. Elvis también lo miraba. Rostro dulce, despelucado, ojos transparentes, un niño de ocho años, sin preguntar lo tomó de mis brazos y Elvis lo dejó hacerlo. Supe que se habían gustado. Por si acaso le advertí mantenerlo lejos de los raccoons.  SILVIA DAVILA MORALES ®

30 December 2010

New Year's Card: The Everlasting Turn


By: Sylvia Davila MM
Bogotá


A year ends. 
Today, a number is arbitrary set to remind us 
that the circle is about to begin all over again. 
December the thirty first. 
Glued to that everlasting turn
I guess it is up to every one
 wether it becomes
a twister or a dance...

Happy New Year

Sylvia Davila Morales



Photo: Laura Wills

21 December 2010

CLO




By: Sylvia Davila MM
Bogotá


ENGLISH VERSION
Sucedió el primer día de clases. Mamá había decidido sacarnos a mis tres hermanas y a mi del colegio en el que estudiábamos para repartirnos a cada una en un colegio distinto. Tenía ocho años. Me tocó en suerte un plantel que ese año inauguraba Helena Cano Nieto, una mujer de sociedad, humanista, culta y rica, que había optado por dedicar su vida a la docencia. Le habían autorizado abrir cursos desde kinder hasta tercero elemental, el mío. Abrió el colegio en su propia casa, una hermosa mansión de dos pisos, enchapada en madera en su interior y rodeada por un inmenso jardín en el que reinaba un eucaliptos centenario. Esa mañana, mientras seguía a la profesora por esa casa fantástica experimenté la inquietante soledad. Nunca había ido al colegio sin mis hermanas, estaba sola. Mi guía me empujó suavemente dentro del salón dio media vuelta y desapareció por el corredor dejándome enfrentada a una señora que sostenía una tiza. La maestra auscultó el salón y me ordenó: Siéntate ahí. 

Ahí era un pupitre en la primera fila que compartiría con una niña de impactantes ojos verdes, cola de caballo y uniforme impecable. Me senté en silencio en la madera sólida y fría del pupitre de una sola silla y tapas independientes. Mi lado estaba vacío. Del otro lado había, perfectamente alineados, un lápiz negro, un lápiz rojo, tajalápiz, borrador, plumilla, tinta, secante y una bolsa para guardarlos.  La voz de la profesora se esfumó bajo los sentidos concentrados en la nueva realidad que se materializaba ante mis ojos. Un salón iluminado por luz natural que entraba por ventanales, tras de ellos el eucaliptos centenario. Un tablero verde revestido con la blusa de seda y la falda larga de la profesora. Veinticinco niñas comportadas. El recreo sumó un nuevo elemento al escenario. En el colegio anterior el fin de la clase era anunciado por un timbre estridente. Aquí, una pequeña campana dorada instalada en el travesaño de la puerta cantó su tilín talán, fanfarrea que dio inicio a una nueva etapa de la vida.

No conocía a nadie ni sabía en donde tendría lugar el recreo, así que permanecí sentada. Con tres palabras simples y sencillas se dio inicio a una amistad que haría un recorrido por nuestras vidas durante más de treinta y cinco años. Yo soy Claudia, dijo mi vecina de pupitre, a lo que respondí, yo soy Silvia.

De ahí en adelante los caminos serían paralelos. Colegio, viaje a Europa, Universidad. Durante esos años fuimos testigos de todos pasos, estudios, amigos, novios, familias, planes de las niñas que se convierten en adolescentes y luego en mujeres. Fue madrina de mi matrimonio - llevó una orquídea - y del nacimiento de mi hija. Era una amistad que entendía sin palabras, había respeto y nos reíamos mucho. Se convirtió en mi hermana. Cuando yo inicié vida maternal y sus estrictas rutinas, ella había acumulado kilometraje de recorridos por este mundo. De las selvas del Mirití a Harvard, de un continente a otro, compartiendo por igual con directores de cine e indios guayú, actores y técnicos, artistas y paracaidistas, siempre con su cámara al hombro, de proyecto en proyecto, protagonizando la mejor de todas las historias, la suya. 

Un 31 de diciembre hace nueve años, llamó a las nueve de la noche para saber yo en qué andaba.  Cocinamos pastas mientras ella y su esposo contaron la crónica de su reciente viaje a Egipto. A las doce, en el techo del edificio abrimos champaña. Después, sacamos tres maletas vacías, grandes para que los viajes fueran largos, los pasaportes, un dinero y nos metimos con todo en la camioneta. En el asiento delantero iban Clo y Humberto y en el trasero iba yo con Capuccino, el gato. Claro, no íbamos a dejarlo. La vuelta a la manzana se convirtió en una gira de media noche por la zona de las embajadas. Nos deteníamos en cada una y gritábamos su nombre para que el cosmos grabara la ruta del año que empezaba. Fue la última vez que nos reímos tanto. Se cerraron esa noche los tiempos buenos de una amistad que no volverá a repetirse. A comienzos de ese año le encontraron cáncer. Murió en diciembre, hace ocho años. Pocas palabras para describir la perdida. Tenía una amiga, una verdadera./ SYLVIA DAVILA MORALES ®

19 November 2010

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By: Sylvia Davila MM
Bogotá

(Photo: Sylvia Davila)

03 November 2010

HABLANDO DE MILAGROS



By: Sylvia Davila MM
Bogotá


ENGLISH VERSION
Hace ya muchos años, estuve en Japón en una invitación oficial. Dentro de la agenda de lugares maravillosos a visitar estaba incluida una visita al Centro de Competitividad de Tokyo. Allí, cuando el funcionario terminó su presentación, abrió una sesión de preguntas. Éramos un grupo interdisciplinario de ocho o diez personas, no recuerdo. Las preguntas fueron y vinieron. Yo, tengo que confesarlo, en esa etapa de la visita me perdí en la expectativa del siguiente paso de la agenda: Kioto, la vieja capital, los inmensos y silenciosos templos de madera, los jardines… y cuando andaba en esas, cayó la pregunta: “Sylvia San, quiere preguntar algo?” , se dirigió a mí el funcionario. Ningún malabar mental me alcanzó para salir del Kibuki a la competitividad, pero ante los doce pares de ojos clavados en mi, terminé balbuceando: “Se habla mucho del milagro japonés… como hicieron el milagro?” Al pronunciar la última sílaba ya sabía que acababa de hacer la pregunta más idiota posible que, además, pondría al pobre hombre a explicarme desde el Paleolítico. Por toda respuesta me hizo una pregunta muy oriental: “Alguna vez ha botado una piedra a un lago en calma? Cae la piedra y sale un pequeño aro, luego otro más grande, luego otro aún mayor, y así hasta que todos se vuelven de nuevo parte del lago. Empezamos por una casa, luego un barrio, luego un pueblo, una provincia, un estado, hasta que convencimos a todos de las bondades del cambio. Mi absoluta torpeza con las matemáticas me impide todavía entender el milagro japonés – a menos que se refieran a los cerezos floreciendo todos al mismo tiempo que es lo más parecido a lo que uno piensa puede ser un milagro – pero la metodología me pareció interesante.

Aquí, solo nos preocupamos por elegir Presidente. Cuando llega el tiempo de esas elecciones todo el mundo está informado, participa, vota, gana o pierde. Pero cuando se trata de esos otros aros, los Congresistas, los Gobernadores, los Alcaldes, los Ediles, ni siquiera estamos enterados. Nadie habla de eso, no sale mucha información, nadie los conoce. Nadie participa. Por eso, esos cargos caen en manos de personas que sólo buscan su propio interés. Los desfalcos masivos y voluminosos, las ferias de contrataciones y de notarias, el robo sistematizado desde las altas esferas de Estado. El jefe dando ejemplo… Qué país puede prosperar? Cuál gobernante puede gobernar? Quién puede vivir en ese pantano? Quienes ingenuamente creen vivir tranquilos en su pequeño mundo, y piensan que todo eso no es de su incumbencia y que las ondas de corrupción, ineptitud, deshonestidad y atraso nunca va a tocarlos, me permito recordarle que la naturaleza de los aros – pura física creo – es expandirse hasta volverse… el lago. En eso estamos. El año que entra se vuelven a elegir esos cargos, ahí veran si empiezan a informarse, a informarnos y a participar para decidir quienes ocuparán los cargos que hoy dan tanta vergüenza.  SILVIA DAVILA MORALES/(Photo: Google)

15 October 2010

AMNESIA MUNDIAL



By: Sylvia Davila MM
Bogotá


ENGLISH VERSION
Mirando el rescate de los mineros, se queda uno pensando que si este mundo funcionara siempre como funciona en las tragedias, sería un mundo feliz. Inundaciones, terremotos, incendios, huracanes o mineros atrapados como por arte de magia borran las fronteras, las nacionalidades, las diferencias y la ayuda llueve de todos lados.  La naturaleza, el azar o el error humano actúan y este mundo se vuelve uno, circular y conectado, con una sola raza humana actuando. El resultado siempre es bueno: todo el mundo aporta, se comparten conocimientos y recursos, se encuentran soluciones, se salvan vidas. Y todos satisfechos. El mundo entero lo ve, lo siente, lo disfruta. Pero una vez termina la tragedia aterriza la amnesia. Cada uno da media vuelta y se devuelve a su caverna a buscar la forma de mejorar su vida o de cambiar el mundo. Acaban de verlo pero también, como por arte de magia, lo olvidan. Es un fenómeno muy extraño, muy extraño/ SILVIA DAVILA MORALES®

30 August 2010

PROTECCION A PEDERASTAS


By: Sylvia Davila MM
Bogotá
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ENGLISH VERSION

Todas las religiones tienen entre muchas una imágenes que las identifica. El  buda sentado del Budismo, el candelabro de siete brazos del Judaísmo, la diosa bailando del Hinduismo, la peregrinación a La Meca del Islam, por mencionar algunas. El Cristianismo, dentro de su vasta colección de imágenes, evoca aquella de Jesús sentado sobre una colina con los brazos extendidos diciendo: “Dejad que los niños vengan a mi.” Razón por la cual, un sacerdote pederasta es un autogol eclesiástico.

Una profesión sobre la cual la sociedad vuelca su confianza, segura de que representa las virtudes humanas que hacen amable la supervivencia y la convivencia, termina convertida en fuente de maltrato de niños. Es cierto, no son todos. Como en todas las instituciones hay quienes representan a cabalidad lo que la profesión pretendió en sus orígenes y también, como en este caso, hay curas pederastas.

Un sacerdote pederasta no es cualquier persona. Es una persona en la que el niño confía. Un niño protegido en  la seguridad de su casa y de su colegio, sus padres y maestros como única referencia, los ha visto confiar en la sotana. Un niño a quien, probablemente, sus cristianos padres aun no le han hablado de sexo. Un niño.  Y no cualquier niño, un niño que confía en el pastor. Hay un crimen más atroz, quizás. Que la institución para la que trabaja lo proteja. Cuando un gobierno detecta un funcionario corrupto lo despide. Si en las fuerzas armadas sucede lo mismo, lo destituyen. Un trabajador que no le cumpla a la empresa lo botan. La empleada doméstica que se robó un cubierto se va. Y al sacerdote pederasta lo esconden? Y no lo esconde cualquiera. Lo esconde la institución que históricamente se ha levantado como adalid del amor, la bondad, la compasión, el respeto y la justicia. Y no esconde a cualquiera. Esconde a un hombre que ha traicionado la confianza de un niño, ha engañado a sus creyentes padres, ha atropellado la doctrina que profesa, ha pisoteado los votos que adquiriera, ha cometido un delito y, lo imperdonable, ha matado la inocencia. Impunidad a pederastas? Por los niños victimas de pederastas, por todos los niños, el mundo adulto debía acunar la frase: “Dejad que los pederastas vengan a nosotros” así, por lo menos, se estarían midiendo con los de su tamaño./Sylvia Dávila Morales ®


28 August 2010

MADRES SIN FRONTERAS



By: Sylvia Davila MM
Bogotá
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FotoL Laura Wills D


Madres las hay de todas clases, pero lo que todas tienen en común es esa determinación profunda y ese amor sin fronteras cuando se trata de los hijos.
Para quienes no conocen a Luciano, Luciano es un pez que vive la habitación de María y el cual, cuando la niña entra, se hace docientos metros a la redonda en la pecera. Con Suko, el perro y Paco, el novio, Luciano es uno de los consentidos de la niña y, por lo tanto, lleva una vida feliz. Bueno, la llevaba hasta que la María se fue una semana de vacaciones dejando a Luciano al cuidado de Cecilia, su atareada madre.

Transcurridos ocho días del viaje, una tarde cualquiera María llama a la mamá a reportarse. Entre cosa y cosa cayó a pregunta: “Mamá, le has dado comida a Luciano”? momento en el cual Cecilia deja de respirar, palidece, grita y corre a la habitación de la niña esperando encontrarse un pez muerto por inanición. Efectivamente, en su pecera Luciano utiliza sus últimas fuerzas para mantenerse a flote. Los ojos desorbitados, Cecilia observa a Luciano incapaz de reconocer si eso que está haciendo - o sea, nada - es normal, dado que es la primera vez en toda su vida que observa detenidamente a un pez. Con la conciencia destrozada vuelve al teléfono, confiesa a María su inexplicable olvido y le describe la situación de Luciano. Alarmada, María le pide: “Mamá!! Llévalo YA al veterinario!!”, a lo que Cecilia con esa siempre impredecible, pero sobretodo sorprendente, capacidad de reacción de las mamás, responde: “OK!” 

Acto seguido y con toda propiedad, Cecilia corre a la cocina, regresa a la habitación y se le aparece al pobre Luciano con una coladera en la mano. Por respeto a Luciano, voy a pasar por alto los veinte minutos de boleada de coladera, splasshhh, ay Dios míos, brutas carajos que se sucedieron unos a otros hasta que, por fin Luciano muy lúcido, entendió que sería mejor dejarse meter en la bolsa que la triste suerte que le esperaba con la coladera.

Tras descartar dos hospitales y una clínica, y dado que ahora Luciano y con razón parecía un cadáver, Cecilia resolvió llevarlo a la tienda de mascotas en donde lo había comprado. Tomó la bolsa, subió al auto y puso a Luciano de copiloto en el asiento contiguo. Arrancó veloz rumbo a la tienda de mascotas pero ignoro por qué en situaciones como esas tiende a imponerse la ley de Murphy: a pocos metros de su destino, un semáforo cambió a rojo, Cecilia puso el pie en el freno, el auto se detuvo, la bolsa se volteó y salió disparado Luciano...

Luciano es, quizás, el único pez del planeta que tiene una idea precisa de lo que es un parque de diversiones. Rodó por la silla como en tobogán, saltó sobre el freno de mano, se perdió en la oscuridad del asiento trasero y apareció saltando a los pies de Cecilia. La música de fondo de la escena estuvo a cargo de todos los autos que pitaban detrás de ella. Ignoro si por amor a María, compasión con Luciano o desesperación con los pitos, Cecilia se armó de valor y con su veintena de pulseras tintinando, le mandó la mano y en un sólo intento lo atrapó. Luciano y su nervious breakdown fueron a dar de nuevo a la bolsa.

En la tienda de mascotas lo consintieron y le dieron de comer pero no pudieron calmarlo, porque Luciano sabía que tenía que regresar a la casa por el mismo camino, en la misma forma y con la misma conductora. Total, María regresó de vacaciones y Luciano nada de nuevo en su pecera, pero dolido. Ahora, cuando la niña entra ya no da las docientas vueltas a la redonda. Ni hablar cuando entra Cecilia. Cuando la ve, simplemente se voltea boca arriba y se hace el muerto/ SILVIA DAVILA MORALES ® Photo: Laura Wills (R)

22 August 2010

INDIGNADOS?



By: Sylvia Davila MM
Bogotá

ENGLISH VERSION

 Dice la prensa que corre en el Congreso un proyecto de ley para limitar las portadas de los diarios. La necesidad de callar a otros tiene que ser inseguridad sobre la capacidad propia para defender argumentos, convencer con ideas, o persuadir con convicción. Si un argumento es sólido por qué temer que lo controviertan? Si se dice la verdad por qué temer que la cuestionen? Si se propone algo de valía por qué temer que alguien disienta? Ideas contrarias, por qué temerles? Por que el miedo?

Limitar la portada de los diarios. Limitar lo que se dicen? la cantidad que dicen? la forma en que se dice? a quien lo dice? La persona que lo dice? En cualquier caso, el proyecto parece querer limitar la información o la posición del diario sobre la información. Pero entonces, quién va a decidir cual es la información “correcta” o la posición correcta? Políticos adscritos todos a un mundo rotativo de favores? La decisión la toman en términos colectivos un periodismo responsable y justo, y en términos individuales la conciencia propia.

Por que el miedo? La libertad de pensar y de expresarse está consignada en casi todas las constituciones del mundo incluida la nuestra. Forma parte de los derechos fundamentales. El respeto siempre ha sido condición de la convivencia, el respeto a los derechos básicos que alimentan la existencia. A todos el mismo derecho. Cobijados por la misma ley, dueño cada uno de su convicción y confianza, por que temer? Si en el grupo social en el que usted se mueve alguien decidiera que, de ahora en adelante, va a limitar la oportunidad de hablar de los otros, no saltarían todos indignados? Pues bien, ese es el proyecto de ley que anda dando vueltas en el Congreso. Indignados? OK. Si no entonces aprendan a que los obliguen a estar callados/ SYLVIA DAVILA MORALES®

Del Oscurantismo al Santismo


By: Sylvia Davila MM
Bogotá

ENGLISH VERSION
Lo que mas me sorprendió de estos ocho anos que se cierran, no fue tanto el presidente de los colombianos como los colombianos. Porque en nuestra no muy larga pero sí convulsionada historia, hemos tenido presidentes de todos los matices en cuanto a capacidad y personalidad. Todos, sin embargo, cubrieron su períodos con un manto que, en realidad o en apariencia, promovía, protegía y cumplía las leyes. Las leyes que, en teoría, son iguales para todos y que aplicadas en la práctica a todos, nos protegen a todos. Nos hacen libres. Tuvieron también esos presidente una opinión pública, con voz o sin voz, que, también en realidad o en apariencia, las acataban.
En estos últimos ocho años, sin embargo, las leyes fueron quebradas, pasadas por alto o ignoradas en todos los estratos, estrados y escenarios, no por los ciudadanos del común sino por quienes tienen la función de defenderlas.  La ley prohíbe matar, sin embargo se mató premeditadamente a niños inocentes (los falsos positivos). La ley prohíbe comprar votos con favores, sin embargo se dio la feria de las notarias. La ley prohíbe que personas con hojas de vida cuestionables ocupen cargos públicos, sinembargo una buena porción del congreso elegido esta en la cárcel. La ley ordena proteger la intimidad de las personas, sin embargo se dieron las chuzadas a jueces y periodistas. La ley ordena proteger la salud y la vida de los ciudadanos, sin embargo se redacto un manual de persecución física y psicológica sistematizada. La ley promete proteger la propiedad privada, sin embargo, miles de kilómetros de tierras arrebatadas a sangre y fuego fueron retituladas. La ley castiga la calumnia y la mentira, sin embargo, la Corte Suprema de Justicia fue objeto de la una y de la otra. Y así podríamos seguir revisando los titulares de los diarios.
Mirado en conjunto, durante estos ocho años se impuso una cultura que privilegia la fuerza bruta, ignora las bondades de la razón, a la cual no la detienen las leyes, para la cual no existen los derechos humanos. Se impuso en todos los estratos, estrados y escenarios la cultura paramilitar. Buscando detener la ya octogenaria, violenta, criminal y torpe guerrilla, se dio rienda suelta al mismo fenómeno pero en la otra cara de la moneda. La guerrilla y los paramilitares son idénticos. En términos de una sociedad, ambas son fuerzas que consiguen sus objetivos quebrando, pasando por alto o violando las leyes. Como hiciera Simón el Bobito para deshacerse de un bulto de tierra, se abrió un hoyo en la tierra… Así como Einstein afirmo un día que el universo es mucho más complejo de lo que podemos entender, el presidente saliente era mucho más elemental de lo que el país pudo ver.
Pero lo sorprendente no fue tanto la abierta violación de las leyes por parte de quienes debían defenderlas, sino la absoluta indiferencia de la mayoría de los colombianos y la masiva aprobación que le dieron al presidente bajo cuyo mandato sucedieron todas esas cosas. La falta de solidaridad fue el trademark de esos años. Quizás porque no fueron sus hijos los que fueron contratados para ser asesinados, o porque no fueron sus fincas, casas o negocios los arrebatados a bala. Se ignoró a quienes fueron perseguidos quizás porque no estuvieron nunca en sus zapatos. En estos ocho años, el país se volvió ciego, indolente y rebaño. Las leyes quedaron huérfanas y a la deriva defendidas con valor sólo por la Corte Suprema de Justicia.
Por eso el reto del presidente entrante tiene dimensiones históricas. Debe no sólo devolverle a la Presidencia una visión global, el valor de la razón y del corazón, el respeto por el pensamiento y la vida, la convicción sin miedo, la determinación sin represión, la sabiduría, sino que debe devolverle al país algo que, a la postre, es irremplazable para la unidad nacional: debe devolverle la dignidad a los colombianos. Porque si la vida los ha de hacer rebaño, es deber del pastor llevarlos a buenos pastos. Para hacerlo, el Presidente entrante puede y tiene todos los elementos en las manos. Quiera Dios ayudarlo, para dejar atrás estos ocho años que pasaran a los libros como el Oscurantismo de la historia de Colombia. Ojalá el sol que apareció después de la lluvia en la tarde de la posesión sea un buen presagio, y el nuevo Presidente pueda con su collar Kogy coronar a Colombia de salud, justicia y buen gobierno.